“Aceptar que a veces no puedes, o no quieres, es una poderosa señal de humanidad y de amor propio”.

G. Cádiz

Siempre coqueteo con el deseo que algún cliente no llegue a la hora agendada. Sí, así tal cual, deseo no producir, ni trabajar. Muchas veces estando en mi oficina, con emoción de niña haciendo, me sacudo las manos y sonrío mirando al cielo, para que mi cliente no llegue y ahí se asoma la bendita culpa; “¿ser mujer y dejar de producir o estar disponible para otros?”, inadmisible.

Coqueteo con cosas sencillas; sentarme en mi sofá, observar a la gente caminar, contemplar los árboles, o volverme una terrible ociosa. En pandemia esas ganas se han ampliado y muero por ver algún programa de farándula y enterarme de la vida de las Kardashian, por ejemplo. ¿Lo peor de esto?, es que este espacio de rotundo vacío cerebral me encanta y me sana. A veces soy ambiciosa y voy por un café, y bueno ahí va conmigo, la culpa.

La culpa que nos habita a las mujeres para decir NO; NO tener deseos de estar para otros, NO ser productivas, y de tener la hazaña de decir SÍ y estar solo para nosotras mismas. ¿Egoísta?, ¿desobediente?, yo le llamo un afán poderoso de habitar el espacio de lo “humano y del amor y cuidado propio”.

La pandemia y la vida digital, nos ha mostrado de manera abrupta la versatilidad de roles que desempeñamos como mujeres, y la sobre-exigencia pública de cumplir con estos “pase lo que pase”.  Sin ir más lejos, las tasas de depresión y estrés en pandemia han afectado significativamente más a mujeres que hombres.

Bueno primero victoria privada y luego victoria pública, en palabras de Stephen Covey (7 hábitos de la Gente Altamente Efectiva), el séptimo hábito denominado “afilar la sierra”, es la capacidad personal para renovar las dimensiones de la naturaleza humana: física, espiritual, mental y emocional-social. Sin este hábito presente en nuestro día a día no podemos ser completamente efectivas, lo primero ¡primero!. 

A esto yo le llamo, la fidelidad de tenerse a sí mismo, y que nos invita a ser conscientes y no dejar de ver y escuchar, que detrás de cada mujer hay una persona, un humano; que siente, que necesita, que pide, que ríe, que llora, y que quizás a veces poco se permite.

Esta reflexión es un desafío a tantas mujeres a permitirse el parar, y a habitar lo humano sin culpa, poder decir “NO” a otros, y decir “SÍ” para regalarse bendita presencia para sí misma, de celebrarse en plenitud la imperfección, y que nada pasa.

Te invito a afilar tu sierra, y regálate los momentos que tu cuerpo sienta que son necesarios, aunque tu mente racional se esmere por traerte la culpa, pon la TV y tu playlist en su máximo volumen para celebrar tu ser humana y mujer en plena presencia para sí misma, aunque por ello y a juicio de muchos, pierdas alguna victoria pública.

“Con amor a las mujeres poderosas que construyen cada día un mundo mejor. Con especial amor a las mujeres de mi vida; mi mamita, mi hermana, mi abuela, mis tías, primas, amigas, y todas aquellas que habitan el deseo de “encender su brasa interna” y de aún así seguir estando para “dar amor y cuidar a otros”.

Ghislaine Cádiz Glos

Psicóloga y Coach Empresarial con más de 14 años de experiencia.

Socia-Fundadora Be Kairós Consultoría Humana, Fundadora Fundación RAHI (Red de Acompañamiento Humano Ikigai), Fundadora Vive Indigo.

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